Versión original: http://europe.newsweek.com/brexit-eu-referendum-left-wing-politics-europe-zizek-474322 (publicada el 24/06/2016).

¿Podría el Brexit insuflar nueva vida a la política de izquierda?

Al final de su vida, Freud planteó la famosa pregunta “Was will das Weib?”, “¿Qué quiere una mujer?”, reconociendo su confusión al enfrentarse al enigma de la sexualidad femenina. A propósito del referéndum del Brexit, una perplejidad similar surge hoy—¿qué quiere Europa?—.

Las verdaderas apuestas de este referéndum se aclaran si nos situamos en su contexto histórico más amplio. En Europa Occidental y Oriental, hay signos de una reorganización de la política a largo plazo. Hasta hace poco, el espacio político estaba dominado por dos partidos principales que se dirigían a todo el cuerpo electoral, un partido a la derecha-del-centro (democristiano, liberal-conservador, populista) y un partido a la izquierda-del-centro (socialista, social-demócrata), con partidos más pequeños dirigiéndose a un electorado reducido (ecologistas, neo-fascistas). Ahora está emergiendo un único partido que representa al capitalismo global como tal, usualmente con relativa tolerancia hacia temas como el aborto, los derechos de los homosexuales, las minorías religiosas y étnicas; en oposición a este partido tenemos un partido populista anti-inmigrante más fuerte, que, en sus márgenes, está acompañado por grupos directamente racistas neofascistas.

Polonia es un ejemplo fundamental—después de la desaparición de los antiguos comunistas, los principales partidos son el partido de centro liberal “anti-ideológico” del ex-primer ministro, Donald Tusk (ahora Presidente del Consejo Europeo) y el partido conservador cristiano de los hermanos Kaczynski (gemelos idénticos, uno de los cuales se desempeñó como presidente de Polonia de 2005-2010 y el otro como primer ministro de 2006-2007). Las apuestas de Centro Radical de hoy son: ¿cuál de los dos principales partidos, conservador o liberal, tendrá éxito en presentarse a sí mismo como la encarnación de la no-política post-ideológica contra el otro partido descartado como “todavía atrapado en los viejos espectros ideológicos”? A principios de los años 90, los conservadores eran mejores en ello; luego, la izquierda liberal parecía estar ganando la partida, y ahora, son nuevamente los conservadores.

El populismo anti-inmigrante trae la pasión de vuelta a la política, habla en términos de antagonismos, de Nosotros contra Ellos, y uno de los signos de la confusión de lo que queda de la izquierda es la idea de que debería adoptar este enfoque apasionado de la derecha: “Si la lideresa del Frente Nacional francés Marine Le Pen puede hacerlo, ¿por qué no deberíamos hacerlo también nosotros?” Así, la izquierda debería luego volver a abogar por estados-nación fuertes y movilizar las pasiones nacionales—una lucha ridícula, perdida de antemano—.

Europa está atrapada en un círculo vicioso, oscilando entre la tecnocracia de Bruselas, incapaz de sacarla de su inercia, y la rabia popular contra esta inercia, una rabia que ha sido apropiada por los nuevos movimientos de izquierda más radicales, pero principalmente por el populismo de derecha. El referéndum del Brexit se movía en los términos de esta nueva oposición, que es la razón por la que había algo terriblemente equivocado con él. Veamos las extrañas parejas que el campo de Brexit juntó: “patriotas” de derecha, nacionalistas populistas alimentados por el miedo a los inmigrantes, junto con la rabia de la desesperada clase trabajadora—¿no es tal mezcla de racismo patriótico y rabia de la “gente común” la base ideal para una nueva forma de fascismo?

La intensidad de la implicación emocional en el referéndum no debe engañarnos, la opción ofrecida ocultaba las verdaderas preguntas: ¿Cómo luchar contra los “acuerdos” comerciales como la Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión (TTIP) que presentan una amenaza real para la soberanía popular y cómo hacer frente a las catástrofes ecológicas y los desequilibrios económicos que producen nueva pobreza y nuevas migraciones? La elección del Brexit significa un serio revés para estas verdaderas luchas—es suficiente tener en cuenta cuán importante fue para el Brexit el argumento de la “amenaza de refugiados”—. El referéndum del Brexit es la prueba definitiva de que la ideología (en el antiguo buen sentido marxista de “falsa conciencia”) está sana y salva en nuestras sociedades.

Cuando se le preguntó a Stalin a finales de 1920, qué variación política era peor, la de derecha o la de izquierda, él espetó: “¡Ambas son peores!” ¿No ocurría lo mismo con la elección que enfrentaban los votantes británicos? Permanecer era “peor” ya que significaba persistir en la inercia que mantiene a Europa estancada. Salir era “peor” ya que hizo que cambiar nada pareciese deseable.

En los días previos al referéndum, había un pensamiento pseudo-profundo que circulaba en nuestros medios de comunicación: “cualquiera que sea el resultado, la UE nunca será la misma, será dañada irreparablemente”. Sin embargo, lo opuesto es cierto: nada ha cambiado realmente, excepto que la inercia de Europa se hizo imposible de ignorar. Europa volverá a perder tiempo en largas negociaciones entre los miembros de la UE que continuarán haciendo inviable cualquier proyecto político a gran escala. Esto es lo que los que se oponen al Brexit no vieron—conmocionados, ahora se quejan de la “irracionalidad” de los votantes del Brexit, haciendo caso omiso de la desesperada necesidad de cambio que el voto hizo palpable.

La confusión que subyace en el referéndum del Brexit no se limita a Europa—es parte de un proceso mucho más amplio de la crisis de la “fabricación de consenso democrático” en nuestras sociedades, de la creciente brecha entre las instituciones políticas y la rabia popular, la rabia que dio a luz a Trump, así como a Sanders en los EE.UU. Los signos de caos están en todas partes—el reciente debate sobre el control de armas en el Congreso de Estados Unidos descendió a una sentada en protesta de los Demócratas—¿es momento para la desesperación?

Recordemos el viejo lema de Mao Ze Dong: “Todo bajo el cielo está en caos total; la situación es excelente”. Una crisis ha de ser tomada en serio, sin ilusiones, pero también como una oportunidad para ser plenamente explotada. A pesar de que las crisis son dolorosas y peligrosas, son el terreno en el que las batallas tienen que ser libradas y ganadas. ¿No hay una lucha también en el cielo, no está el cielo también dividido—y acaso la confusión actual no nos ofrece una oportunidad única para reaccionar a la necesidad de un cambio radical de una manera más adecuada, con un proyecto que rompa con el círculo vicioso de tecnocracia de la UE y populismo nacionalista? La verdadera división de nuestro cielo no es entre tecnocracia anémica y pasiones nacionalistas, sino entre su círculo vicioso y un nuevo proyecto pan-europeo, que vaya a abordar los verdaderos desafíos que la humanidad enfrenta hoy en día.

Ahora que, en el eco de la victoria del Brexit, los llamados a otras salidas de la UE se multiplican en toda Europa, la situación exige un proyecto así—¿quién tomará la oportunidad? Por desgracia, no la izquierda existente, que es bien conocida por su impresionante capacidad de nunca perder una oportunidad de perder una oportunidad.