Slavoj Žižek: la urgente necesidad de una victoria de Syriza en Grecia

Publicado originalmente el 22 de enero de 2015 en: http://inthesetimes.com/article/17561/zizek_greece_syriza

Los críticos de nuestra democracia institucional a menudo se quejan de que, por regla general, las elecciones no ofrecen una verdadera opción. Lo que mayormente obtenemos es la elección entre un partido de centro-derecha y uno de centro-izquierda, cuyos programas son casi indistinguibles. El próximo domingo 25 de enero este no será el caso; como el 17 de junio de 2012, los votantes griegos se enfrentan a una verdadera elección: la clase dirigente, por un lado, y Syriza, la coalición de izquierda radical, por el otro.

Y, como suele ser el caso, tales momentos de verdadera elección hacen que la clase dirigente entre en pánico. Pintan un cuadro de caos social, pobreza y violencia si la elección equivocada gana. La mera posibilidad de una victoria de Syriza ha enviado ondas de miedo a través de los mercados de todo el mundo y, como es habitual en estos casos, la prosopopeya ideológica entra en apogeo: los mercados han comenzado a “hablar”, como si se tratase de personas vivas, expresando su “preocupación” por lo que sucederá si las elecciones fracasan en producir un gobierno que tenga el mandato de continuar con el programa de austeridad fiscal.

Un ideal está emergiendo gradualmente de la reacción de la clase dirigente Europea a la amenaza de la victoria de Syriza en Grecia, un ideal claramente retratado por el título del artículo de Gideon Rachman en el Financial Times: “el eslabón más débil de la eurozona son los votantes”. En el mundo ideal de la clase dirigente, Europa se deshace de este “eslabón más débil” y los expertos ganan el poder para imponer directamente las medidas económicas necesarias; si las elecciones llegan a tener lugar, su función es sólo confirmar el consenso de los expertos.

Desde esta perspectiva, las elecciones griegas no pueden dejar de aparecer como una pesadilla. Entonces, ¿cómo se puede evitar esta catástrofe? La forma más obvia sería la de devolver el miedo, asustar a muerte a los votantes griegos con el mensaje: “¿Crees que está sufriendo ahora? No has visto nada todavía; espera a la victoria de Syriza y vas a añorar la felicidad de los últimos años!”

La alternativa es o que Syriza salga (o sea expulsado) del proyecto europeo, con consecuencias imprevisibles, o un “pacto confuso” donde ambas partes moderen sus demandas. Lo que hace surgir otro temor: no el miedo a la conducta irracional de Syriza después de su victoria, sino, por el contrario, el temor a que Syriza acepte un pacto confuso racional que decepcionará a los votantes, por lo que el descontento va a continuar, pero esta vez no regulado y moderado por Syriza.

¿Qué margen de maniobra tendrá el eventual gobierno liderado por Syriza? Parafraseando al presidente Bush, uno no debería malsubestimar el poder destructivo del capital internacional, especialmente cuando se combina con el sabotaje de la burocracia estatal griega corrupta y clientelista.

En tales condiciones, ¿puede un nuevo gobierno efectivamente imponer cambios radicales? La trampa que acecha aquí es claramente perceptible en El capital en el siglo XXI de Thomas Piketty. Para Piketty, el capitalismo tiene que ser aceptado como la única opción posible, por lo que la única alternativa viable es permitir que la maquinaria capitalista haga su trabajo en su propia esfera, e imponer la justicia igualitaria políticamente, por un poder democrático que regula el sistema económico y hace cumplir la redistribución.

Tal solución es utópica en el sentido más estricto del término. Piketty es muy consciente de que el modelo que propone sólo funcionaría si se aplica globalmente, más allá de los límites de los estados-nación (de lo contrario, el capital huiría a los estados con impuestos más bajos); tal medida global requiere de un poder mundial ya existente con la fuerza y la autoridad para hacerla cumplir. Sin embargo, tal poder global es inimaginable dentro de los límites del capitalismo global actual y los mecanismos políticos que implica. En breve, si tal poder fuera a existir, el problema básico ya se habría resuelto.

Además, ¿qué otras medidas necesitaría la imposición mundial de altos impuestos propuesta por Piketty? Por supuesto, la única manera de salir de este círculo vicioso es simplemente cortar el nudo gordiano y actuar. Nunca hay condiciones perfectas para un acto—cada acto por definición llega demasiado pronto. Pero uno tiene que comenzar en alguna parte, con una intervención particular; sólo hay que tener en cuenta las complicaciones adicionales a las que conducirá tal acto.

¿Y qué hacer con la enorme deuda? La política europea hacia los países altamente endeudados como Grecia es la de “extender y fingir” (extendiendo el periodo de pago, pero fingiendo que todas las deudas serán pagadas eventualmente). ¿Por qué la ficción del pago es tan obstinada? No es sólo que esta ficción hace que la extensión de la deuda sea más aceptable para los votantes alemanes; no solo es eso, mientras que la cancelación de la deuda griega podría desencadenar demandas similares de Portugal, Irlanda, España. Es que quienes están en el poder realmente no quieren que la deuda sea pagada en su totalidad.

Los proveedores de la deuda y los cuidadores acusan a los países endeudados de no sentir suficiente culpa—se les acusa de sentirse inocentes—. Su presión se adapta perfectamente a lo que el psicoanálisis llama superyó. La paradoja del superyó es que, tal como Freud vio claramente, mientras más obedecemos a sus demandas, más culpables nos sentimos.

Imagina un profesor cruel que da a sus alumnos tareas imposibles y luego se burla sádicamente cuando ve su ansiedad y pánico. El verdadero objetivo de prestar dinero al deudor no es conseguir el reembolso de la deuda con un beneficio, sino la continuación indefinida de la deuda que mantiene al deudor en dependencia y subordinación permanentes.

Tomemos el ejemplo de Argentina. Hace una década, el país decidió pagar su deuda con el FMI antes de tiempo (con la ayuda financiera de Venezuela) y la reacción del FMI fue sorprendente: en lugar de alegrarse de que le devolvieran su dinero, el FMI (o, más bien, sus principales representantes) expresaron su preocupación de que Argentina fuese a utilizar esta nueva libertad e independencia financiera de las instituciones financieras internacionales para abandonar la ajustada política financiera y darse al gasto imprudente.

La deuda es un instrumento para controlar y regular al deudor, y, como tal, se esfuerza por su propia reproducción expandida.

La única solución verdadera es, pues, clara: ya que todo el mundo sabe que Grecia nunca pagará su deuda, se tendrá que reunir el valor y condonar la deuda. Se puede hacer a un costo económico bastante tolerable, sólo con voluntad política. Tales actos son nuestra única esperanza para salir del círculo vicioso de la tecnocracia neoliberal y las falsas pasiones anti-inmigrantes de la fría Bruselas. Si no actuamos, otros, desde Amanecer dorado hasta el Partido por la Independencia del Reino Unido, lo harán.

En sus Notas para la definición de la cultura, el gran conservador T.S. Eliot comentó que hay momentos en que la única opción es aquella entre la herejía y la no-creencia, es decir, cuando la única manera de mantener viva una religión es llevar a cabo una división sectaria de su cadáver principal. Esta es nuestra posición actual con respecto a Europa: sólo una nueva “herejía” (representada en este momento por Syriza), una escisión de la Unión Europea por parte de Grecia, puede salvar lo que vale la pena salvar del legado europeo: la democracia, la confianza en las personas , la solidaridad igualitaria.