Los ricos no merecedores

Por Paul Krugman

Publicado originalmente en: http://www.nytimes.com/2014/01/20/opinion/krugman-the-undeserving-rich.html

La realidad de la creciente desigualdad en los EE.UU. es cruda. Desde finales de 1970 los salarios reales para la mitad inferior de la fuerza de trabajo se han estancado o han disminuido, mientras que los ingresos del 1 por ciento superior se han casi cuadruplicado (y los ingresos de la parte superior del 0,1 por ciento se han incrementado aún más). Mientras que podemos y debemos tener un debate serio sobre qué hacer acerca de esta situación, el simple hecho—el capitalismo estadounidense como está constituido actualmente está socavando las bases de la sociedad de clase media—no debería ser materia de discusión.

Pero lo es, por supuesto. En parte, esto refleja la famosa máxima de Upton Sinclair: Es difícil conseguir que un hombre entienda algo cuando su salario depende de que no lo entienda. Pero también, creo, refleja el desagrado por las implicaciones de los números, que parecen casi una invitación abierta a la lucha de clases—o, si lo prefiere, una demostración de que la lucha de clases ya está en marcha, con los plutócratas en la ofensiva—.

El resultado ha sido una decidida campaña de confusión estadística. En su extremo más crudo, esta campaña se acerca a la falsificación pura y simple; en su extremo más sofisticado, implica el uso de complicadas argucias para propagar lo que llamo el mito de los ricos merecedores.

Para un ejemplo de falsificación de facto, basta con ver una columna reciente de Bret Stephens del Wall Street Journal, que primero acusó al presidente Obama (erróneamente) de cometer un error factual y luego procedió a afirmar que el aumento de la desigualdad no era mayor problema, porque todo el mundo ha obtenido grandes ganancias. ¡Vaya, los ingresos de la quinta parte inferior de la población de los EE.UU. han aumentado 186 por ciento desde 1979!

Si esto le suena mal, es porque debería: esa es una cifra nominal, no corregida considerando la inflación. Usted puede encontrar la cifra corregida con la inflación en el mismo cuadro de la Oficina del Censo; ésta muestra que los ingresos de la quinta parte inferior de hecho caen. Ah, y para que conste, mientras escribo esto, dicho error elemental no ha sido corregido en el sitio web del Wall Street Journal.

Sí, así es como se ve la confusión burda. ¿Y qué hay de la versión más elegante?

He señalado antes que los conservadores parecen obsesionados con la idea de que la pobreza es básicamente el resultado de problemas de carácter entre los pobres. Puede que alguna vez ello haya tenido un grano de verdad pero desde hace tres décadas y más, el principal obstáculo que enfrentan los pobres ha sido la falta de empleos con sueldos decentes. Pero el mito de los pobres no merecedores persiste y lo mismo ocurre con su contraparte, el mito de los ricos merecedores.

La cuento es siguiente: Los ricos de EE.UU: son ricos porque hicieron las elecciones de estilo de vida adecuadas. Se consiguieron una buena educación, se casaron y permanecieron casados​ y así sucesivamente. Básicamente, la riqueza es una recompensa por haberse adherido a las virtudes victorianas.

¿Qué hay de malo en esta historia? Incluso en sus propios términos, postula oportunidades que no existen. Por ejemplo, ¿cómo se supone que los hijos de los pobres o, incluso, de la clase trabajadora, vayan a obtener una buena educación en una época de disminución de apoyo para las universidades públicas y de un fuerte aumento del costo de la matrícula? Incluso los indicadores sociales como la estabilidad familiar son, en gran medida, fenómenos económicos: nada afecta más a los valores familiares que la falta de oportunidades de empleo.

Pero lo más importante acerca de este mito es que identifica erróneamente a los ganadores de la creciente desigualdad. A los profesionales de cuello y corbata, aun así estén casados unos con otros, sólo les va bien. Los grandes ganadores son un grupo mucho más pequeño. El movimiento Occupy popularizó el concepto del “1 por ciento”, que es una buena abreviatura para la elite ascendente, pero en todo caso incluye a demasiada gente: la mayor parte de las ganancias del 1 por ciento de hecho han ido a una élite aún más diminuta, el 0,1 por ciento superior.

Y ¿quiénes son estos pocos afortunados? Principalmente son ejecutivos de algún tipo, especialmente, aunque no sólo, de las finanzas. Uno puede discutir sobre si estas personas merecen ser pagadas tan bien, pero una cosa es clara: No llegaron donde están simplemente siendo prudentes, limpios y sobrios.

Entonces, ¿cómo es que el mito de los ricos merecedores se sostiene? Principalmente a través de una estrategia de la distorsión por dilución. Casi nunca se ve apologistas de la desigualdad dispuestos a hablar sobre el 1 por ciento, por no hablar de los verdaderos grandes ganadores. En su lugar, hablan del 20 por ciento superior, o en el mejor de los casos, del 5 por ciento superior. Estas pueden parecer elecciones inocentes pero no lo son, ya que implican agrupar indiscriminadamente a los abogados casados con los lobos de Wall Street. La película de DiCaprio del mismo nombre, por cierto, es muy popular entre los financieros, que celebran al personaje principal—otra pista sobre las realidades de nuestra nueva Edad Dorada.

Una vez más, sé que estas realidades incomodan a algunas personas, no todas ellas matones contratados por la plutocracia, y que ellas preferirían pintar un cuadro diferente. Pero incluso si los hechos tienen un sesgo populista conocido, aun así son los hechos—y hay que enfrentarlos—.