Texto original publicado en e-flux #41: 1/2013. http://www.e-flux.com/journal/freedom-from-everything-freelancers-and-mercenaries

 

En 1990, George Michael lanzó su canción “Freedom ‘90”. Era una época en la que todo el mundo cantaba delirantemente el “Canto a la Alegría” de Beethoven o “Winds of Change” [vientos de cambio] de los Scorpions, celebrando lo que la gente pensaba que era la victoria final de la libertad y la democracia luego de la caída del Muro de Berlín. La más pavorosa de todas estas canciones para cantar a coro fue la interpretación en vivo de David Hasselhoff sobre el muro de Berlín de “Looking for Freedom” [buscando la libertad], una canción que describe las pruebas y tribulaciones del hijo de un hombre rico tratando de hacer su propia fortuna.

Pero George Michael hizo algo completamente diferente. Para él, la libertad no era un paraíso liberal de oportunidades. En vez,

Parece el camino al cielo
Pero se siente como el camino al infierno.[1]

¿Qué clase de libertad describe la canción de George Michael? No es la clásica libertad liberal definida por la capacidad de hacer o decir o creer en algo. Es más bien una libertad negativa. Se caracteriza por la ausencia, la falta de la propiedad y de la igualdad en el intercambio, la ausencia incluso del autor y la destrucción de todos los accesorios que sugieren su personaje público. Y es por eso que la canción se siente mucho más contemporánea que todas las odas a la libertad de la pasada era del fin de la historia. Describe un estado muy contemporáneo de libertad: liberación de todo.

Estamos acostumbrados a considerar la libertad como fundamentalmente positiva—la libertad de hacer o tener algo; consiguientemente existe la libertad de expresión, la libertad de buscar la felicidad y la oportunidad, o la libertad de credo.[2]

Pero ahora la situación está cambiando. Sobre todo en la actual crisis económica y política, la otra cara de las ideas liberales de la libertad—es decir, la liberación de las empresas de cualquier tipo de regulación, así como la libertad para perseguir implacablemente el interés propio a costa del de todos los demás—se ha convertido en la única forma de libertad universal que existe: libres de los lazos sociales, libres de la solidaridad, libres de la certeza o la previsibilidad, libres del empleo o del trabajo, libres de la cultura, el transporte público, la educación, o de absolutamente todo lo público.

Estas son las únicas libertades que compartimos en todo el mundo hoy en día. No se aplican por igual a todos, sino que dependen de la situación económica y política de uno. Son libertades negativas, y se aplican a través de una alteridad cultural cuidadosamente construida y exagerada que promueve: el liberarse de la seguridad social, liberarse de los medios de ganarse la vida, liberarse de la rendición de cuentas y la sostenibilidad, liberarse de la educación gratuita, sanidad, las pensiones y la cultura pública, la pérdida de los estándares de responsabilidad pública, y en muchos lugares, liberarse del Estado de Derecho.

Tal como cantó Janis Joplin: “La libertad es sólo otra palabra para nada que perder”. Esta es la libertad que la gente de muchos lugares comparte hoy en día. La libertad contemporánea no es principalmente el disfrute de las libertades civiles, como la tradicional perspectiva liberal sostiene, sino más bien es como la libertad de la caída libre, experimentada por muchos de los que son arrojados a un futuro incierto e impredecible.

Estas libertades negativas son también las que impulsan los diversos movimientos de protesta que han surgido alrededor del mundo—movimientos que no tienen un punto focal positivo o demandas claramente articuladas, porque expresan las condiciones de la libertad negativa. Expresan la pérdida de lo común como tal.

La libertad negativa como Terreno Común
Ahora es el momento para las buenas noticias. No hay nada malo con esta condición. Por supuesto, es devastadora para aquellos que están sometidos a ella pero, al mismo tiempo, también da una nueva y oportuna forma al carácter de la oposición. Insistir en hablar acerca de la libertad negativa abre la posibilidad de reclamar más libertades negativas: la libertad frente a la explotación, la opresión y el cinismo. Esto significa explorar nuevas formas de relación entre las personas que se han convertido en agentes libres en un mundo de libre comercio y desregulación desenfrenada.

Un aspecto especialmente relevante de la condición de la libertad negativa hoy: la condición del “freelancer” o trabajador independiente.

¿Qué es un “freelancer”? Echemos un vistazo a una definición muy simple.

  1. Una persona que vende servicios a empleadores sin un compromiso de largo plazo con ninguno de ellos.
  2. Un independiente no-comprometido, como en la política o la vida social.
  3. Un mercenario medieval.[3]  

La palabra “freelance” deriva del término medieval para un soldado mercenario, una “free lance” [literalmente “lanza libre”], es decir, un soldado que no está asociado a ningún amo o gobierno particular y que puede ser contratado para una tarea específica. El término fue utilizado por primera vez por Sir Walter Scott (1771–1832) en Ivanhoe para describir a un “guerrero medieval mercenario” o “lanza-libre”, indicando que la lanza no está juramentada a los servicios de señor alguno. Cambió a un sustantivo figurativo alrededor de la década de 1860 y fue reconocido como un verbo en 1903 por las autoridades de la etimología, como el Diccionario Inglés de Oxford. Sólo en tiempos modernos el término pasado de ser un sustantivo (un “freelance”) a ser un adjetivo (un periodista “freelance”), un verbo (un periodista que “freelancea”) y un adverbio (ella trabajó “freelance”), así como el sustantivo “freelancero”.[4]

Mientras que la lanza-a-sueldo de hoy toma muchas formas—desde trituradoras de piedra, palas, biberones y ametralladoras a cualquier tipo de hardware digital—las condiciones de empleo no parecen haber cambiado tan drásticamente como la lanza misma. Hoy en día, esa lanza—al menos en el caso de los escritores—ha sido muy probablemente diseñada por Steve Jobs. Pero tal vez las condiciones de trabajo también han cambiado—la fábrica ahora parece estar disolviéndose en micro-unidades autónomas y subcontratadas que producen bajo condiciones que no están lejos del trabajo por contrato y el jornaleo. Y esta vuelta extendida aunque no universal a las formas históricas de trabajo feudal podría significar que, de hecho, estamos viviendo en tiempos neo-feudales.[5]

En el cine japonés hay una larga tradición de representar la figura del “freelance” itinerante. Este personaje se llama “ronin”, un samurai errante que no conoce amo permanente. Ha perdido los privilegios de servir a un solo amo y ahora se enfrenta a un mundo caracterizado por la guerra hobbesiana de todos contra todos. Lo único que le queda son sus habilidades de lucha, que él alquila. Él es un samurai lumpen, reducido, degradado, pero no obstante con habilidades clave.

El clásico film del “freelancer” es Yojimbo de Akira Kurosawa (1961), que también se hizo popular en Occidente, ya que fue adaptado como un “spaghetti western” por el director italiano Sergio Leone.

Por un puñado de dólares (1964) lanzó simultáneamente a Clint Eastwood y al súper-primer plano de gran formato, usualmente de hombres sudorosos mirándose uno al otro antes de los tiroteos decisivos. Pero la versión original japonesa es mucho más interesante. En su secuencia inicial, nos enfrentamos a una situación sorprendentemente contemporánea. Mientras que el “freelancer” camina por un paisaje estéril azotado por el viento, se acerca a un pueblo y se encuentra con personas en diferentes grados de angustia y miseria. La toma de cierre de la introducción es de un perro que pasa de largo con una mano humana entre los dientes.

En el film de Kurosawa, el país está en transición de una economía basada en la producción a una basada en el consumo y la especulación. El pueblo está gobernado por dos señores de la guerra-capitalistas, que son rivales. La gente está abandonando sus negocios de manufactura para convertirse en corredores y agentes. A la par, la producción textil—una profesión profundamente asociada a la creación y el desarrollo del capitalismo—está siendo subcontratada a las amas de casa. Las prostitutas abundan, así como el personal de seguridad al que atienden. El sexo y la seguridad son mercancías valiosas, como son los ataúdes, que, además de la producción textil, parecen ser la principal industria del pueblo. En esta situación, el “freelancer” aparece en escena. Se las arregla para enfrentar a los señores de la guerra uno contra el otro y libera a los aldeanos.

El Mercenario
Si bien la historia de los ronin es una alegoría apropiada para las condiciones de los trabajadores independientes contemporáneos, el mercenario no es sólo una figura alegórica o histórica—es una muy contemporánea. De hecho, estamos viviendo en una época en la que el uso de fuerzas mercenarias ha hecho una reaparición sorprendente, sobre todo durante la segunda guerra de Irak, que—pues es posible que lo hayamos olvidado—comenzó como la “Operación Libertad Iraquí”.

La pregunta de si los contratistas privados de seguridad pueden ser llamados mercenarios bajo el derecho internacional fue objeto de acalorados debates durante la guerra de Irak. Mientras que los contratistas militares de Estados Unidos quizás no cumplían todos los criterios para ser llamados mercenarios según la Convención de Ginebra, el uso de cerca de 20.000 elementos de dicho personal durante la ocupación pone de relieve la creciente privatización de la guerra y la falta de control del Estado sobre las acciones de estos soldados privados.

Como muchos científicos políticos han señalado, la privatización de la guerra es un síntoma de un debilitamiento general de la estructura del Estado-Nación—un signo de la pérdida de control sobre el poder militar, que socava la rendición de cuentas y el imperio de la ley. Ello pone en tela de juicio el así llamado monopolio de la violencia del Estado y socava la soberanía del Estado, sustituyéndola por lo que se ha llamado “soberanía subcontratada”. Tenemos por lo tanto dos figuras que se complementan entre sí y que ocupan un lugar destacado en el escenario de la libertad negativa: el “freelancer” en un sentido ocupacional y el mercenario o contratista de seguridad privado en el sentido de ocupación militar.

Tanto los “freelancers” como los mercenarios carecen de lealtad a las formas tradicionales de organización política, como los estados-nación. Se implican en lealtades libre-flotantes que son objeto de negociación económica y militar. Por lo tanto, la representación política democrática se convierte en una promesa vacía, ya que las instituciones políticas tradicionales sólo dan libertades negativas a los trabajadores independientes y los mercenarios: la liberación de todo, la libertad de estar fuera de la ley o, como dice la hermosa expresión: juego libre. Juego libre para el mercado; juego libre para las fuerzas de la desregulación de los estados y, en última instancia, también la desregulación de la democracia liberal misma.

Podría decirse que tanto los “freelancers” y los mercenarios están relacionados con el surgimiento de lo que Saskia Sassen denomina la “Ciudad Global”. Este concepto fue muy bien resumido en una reciente conferencia de Thomas Elsaesser. Él dice que las Ciudades Globales son lugares que,

debido a una serie de factores diferentes, se han convertido en importantes nodos en el sistema económico global. La idea de la Ciudad Global implica, pues, pensar en el mundo en términos de redes que confluyen en algunos puntos, en las ciudades cuyo alcance y referencia va más allá de una sola nación, lo que sugiere la transnacionalidad o post-nacionalidad.[6]

Las Ciudades Globales expresan así una nueva geografía del poder que está intrínsecamente vinculada a la globalización económica y sus múltiples consecuencias, que han transformado sustancialmente el papel del Estado-Nación y sus instituciones políticas, tales como la democracia representativa. Esto significa que los modos tradicionales de representación democrática están profundamente en crisis. Esta crisis no fue causada por la interferencia de alguna cultura Otra, extranjera. Fue producida por el sistema de representación política en sí, que, por un lado, socavó el poder del Estado-Nación al retirar las regulaciones económicas, y, por otro lado, incrementó el poder del Estado-Nación a través de la legislación de emergencia y la vigilancia digitalizada. La idea liberal de la democracia representativa ha sido profundamente corrompida por las fuerzas incontrolables del liberalismo económico y el nacionalismo.

En este punto, surge una libertad negativa nueva: la libertad de no ser representado por las instituciones tradicionales, que rehusan asumir responsablilidad alguna sobre ti, pero aún así tratan de controlar y micro-gestionar tu vida, tal vez mediante el uso de contratistas militares privados u otros servicios de seguridad privada. Entonces, ¿qué es la libertad de ser representado de otra manera? ¿Cómo podemos expresar un estado de completa libertad de cualquier cosa, del apego, la subjetividad, la propiedad, la lealtad, los lazos sociales, e incluso de uno mismo como sujeto? ¿Y cómo podríamos siquiera expresarlo políticamente?

¿Quizás así?

Este diseño para una máscara de papel hazlo-tú-mismo del personaje Guy Fawkes de la novela gráfica V de Vendetta ha sido utilizado por los manifestantes desde el año 2008 en referencia al movimiento de hackers Anonymous. Una máscara para recortar permite a los usuarios evitar el pago de derechos de autor por la máscara, ahora propiedad de Warner Brothers desde la adaptación del estudio de cine de la novela.

Este diseño para una máscara de papel hazlo-tú-mismo del personaje Guy Fawkes de la novela gráfica “V de Vendetta” ha sido utilizado por los manifestantes desde el año 2008 en referencia al movimiento de hackers Anonymous. Una máscara para recortar permite a los usuarios evitar el pago de derechos de autor por la máscara, ahora propiedad de Warner Brothers desde la adaptación del estudio de cine de la novela.

Perder el Rostro Ahora, Tengo que Vivir…
En 2008, la máscara de Guy Fawkes fue apropiada por el grupo de hackers Anonymous como su rostro público para una protesta contra la Cienciología. Desde entonces se ha extendido como un símbolo visual viral de la disidencia contemporánea. Sin embargo, prácticamente se desconoce que se trata de la apropiación del rostro de un mercenario. Guy Fawkes no fue sólo la persona que fue ejecutada porque quería hacer estallar el Parlamento británico. También fue un mercenario religioso, luchando por la causa del catolicismo en todo el continente europeo. Si bien su personaje histórico es más que dudoso y desagradable, la reapropiación de una efigie de su semblante por Anonymous muestra una interesante aunque ciertamente inconsciente reinterpretación del rol del mercenario.

Pero el nuevo mercenario—que supuestamente está libre de todo—ya no es un sujeto, sino un objeto: una máscara. Es un objeto comercial, patentado por una gran corporación y acordemente pirateado. La máscara apareció por primera vez en V de Vendetta, una película sobre un rebelde enmascarado llamado V que lucha contra un gobierno británico fascista del futuro. Esto explica por qué la máscara está licenciada por Time Warner, que distribuyó V de Vendetta. Así que los manifestantes anticorporativos que compran la versión oficial de la máscara ayuda a enriquecer el tipo de corporación contra la que protestan. Pero esto también provoca contra-reacciones:

[Un] manifestante de Londres dijo que sus hermanos están tratando de contrarrestar el control de la imagen de parte de Warner Brothers. Afirma que Anonymous Reino Unido ha importado 1.000 ejemplares de China, y la distribución va “directamente al fondo de cerveza de Anonymous en vez de a Warner Brothers. Mucho mejor”.[7]

Un disputado objeto de copyright proporciona una identidad genérica para las personas que sienten que necesitan no sólo anonimato para ser representados, sino que sólo pueden ser representados por objetos y mercancías, ya que, aún siendo lanzas libres o incluso mercenarios, ellos mismos son mercancías libre-flotantes.

Pero véanse los otros usos de las máscaras o de los personajes artificiales para ver cómo el tropo del mercenario puede llevarse aún más lejos. La banda punk rusa Pussy Riot utilizó pasamontañas de colores de neón para ocultar sus rostros durante apariciones muy publicitadas en la Plaza Roja de Moscú, donde inequívocamente le dijeron al presidente Putin que se vaya. Aparte de su valor de uso para ocultar rostros (al menos temporalmente), el pasamontañas también hace referencia a uno de los iconos más famosos de militancia jovial de las últimas décadas: el subcomandante Marcos, fumador de pipa y portavoz no-oficial del EZLN, también conocido como el movimiento zapatista.

Y esto también nos enseña a cambiar la figura del mercenario por la figura del guerrillero. De hecho, históricamente ambos están íntimamente ligados. Durante la segunda mitad del siglo XX, se desplegaron mercenarios contra los grupos insurgentes en todo el mundo, particularmente en los conflictos postcoloniales en África. Pero también se desplegaron “asesores” paramilitares contra los movimientos guerrilleros en América Latina durante las guerras sucias delegadas para mantener la hegemonía de EE.UU. en la región. En cierto sentido, las guerrillas y los mercenarios comparten espacios similares, excepto por el hecho de que usualmente a los guerrilleros no se les paga por sus esfuerzos. Por supuesto que no es posible caracterizar a todos los movimientos guerrilleros de esta forma—son demasiado diversos. Si bien en muchos casos su estructura es similar a la de los grupos mercenarios y paramilitares desplegados en su contra, en otros casos, reorganizan este paradigma y lo revierten adoptando la libertad negativa y tratando de liberarse de la dependencia; de la ocupación en todos sus significados ambiguos.

Como figuras de la realidad económica contemporánea, los mercenarios y “freelancers” son libres para romper con sus empleadores y reorganizarse como guerrilleros—o para decirlo más modestamente, como la banda de ronin retratada en la obra maestra de Kurosawa, Los siete samuráis (1954). Siete lanzas-libres se asocian para proteger a un pueblo de los bandidos. En situaciones de completa libertad negativa, incluso esto es posible.

La Mascara
Y ahora podemos volver a George Michael. En el video de “Freedom ‘90”, todos los elementos mencionados anteriormente están claramente expresados. Con su veneración descarada y exagerada de celebridades heteronormativas, el video se ve tan tonto ahora como cuando fue lanzado por primera vez.

George Michael nunca aparece en el video. En cambio, está representado por súper-mercancías y supermodelos, quienes cantan su canción en fono-mímica como si fuesen micrófonos humanos. Todos los emblemas de su personaje escénico—la chaqueta de cuero, la máquina de discos y la guitarra—son destruidos en explosiones, como si fueran el Parlamento británico volado en pedazos. El escenario parece una casa embargada en la que se ha empeñado hasta los muebles y no queda nada sino un sistema de sonido. No queda nada. Ningún sujeto, ninguna posesión, ninguna identidad, ninguna marca, con voz y rostro separados uno del otro. Sólo quedan las máscaras, el anonimato, la alienación, la mercantilización y la liberación de casi todo. La libertad parece el camino al cielo—pero se siente como el camino al infierno y crea la necesidad de cambio, de rechazar ser este sujeto quien ya desde siempre está enmarcado, nombrado y vigilado.

Así que aquí están las buenas nuevas finales. Sólo cuando aceptas que no hay manera de volver al paradigma de David Hasselhoff de la libertad, con su glorificación del auto-emprendimiento y las delusiones de oportunidad, la nueva libertad se abrirá para ti. Puede ser aterrador como un nuevo amanecer sobre un terreno de penuria y catástrofe—pero no excluye la solidaridad. Dice claramente:

Libertad: No te voy a defraudar.
Libertad: No te voy a abandonar. Tienes que dar lo que tomas. 

En nuestra distopía de libertad negativa—en nuestras pesadillas atomizadas—nadie pertenece a nadie (excepto a los bancos). Ni siquiera nos pertenecemos a nosotros mismos. Ni siquiera en esta situación voy abandonarte. ¿Te defraudaré? Ten un poco de fe en el sonido. Es lo único bueno que tenemos. Al igual que los lanceros libres y mercenarios de Kurosawa, que forman lazos de apoyo mutuo en situaciones de guerra hobbesiana, feudalismo y caudillismo, hay algo que somos libres de hacer, cuando estamos liberados de todo.

La nueva libertad: tienes que dar por lo que tomas.


[1] George Michael “Freedom ’90”: http://www.musica.com/letras.asp?letra=898299

[2] Sobre la distinción entre libertad positiva y negativa, véase Isaiah Berlin “Dos conceptos de libertad” (1958). También hay una tradición de debate en torno a la libertad negativa como la define Charles Taylor, cuyo concepto es diferente del de este ensayo.

[3] Véase http://www.thefreedictionary.com, s.v. “freelance”.

[4] Véase Wikipedia, s.v. “freelancer”.

[5] “En un sentido abstracto, la geografía política multifacética del orden feudal se parece a las jurisdicciones superpuestas de los Estados nacionales, las instituciones supranacionales y los nuevos regímenes globales privados de hoy en día. Este es, de hecho, una de las interpretaciones predominantes en los estudios sobre globalización”. Saskia Sassen, Territory, Authority, Rights: From Medieval to Global Assemblages (Princeton, NJ: PrincetonUniversity Press, 2006), 27

 [6] Thomas Elsaesser, “Walter Benjamin, Global Cities, and ‘Living with Asymmetries’” (conferencia, 3ra Bienal de Atenas, diciembre de 2011).

[7] Tamara Lush y Dobnik Verena “‘Vendetta’ mask becomes symbol of Occupy protests,” noviembre 4, 2011, Associated Press.