La calma entre las tormentas

Por  Will Davies

Texto original publicado el 28 de marzo de 2012 en: http://potlatch.typepad.com/weblog/2012/03/calm-between-the-storms.html

Recomiendo sinceramente este artículo en el FT de hoy, aunque en esta ocasión no porque involucre a un sociólogo haciendo leña de la economía neo-clásica. Curiosamente, justo ayer estaba pensando en algo muy parecido: ¿qué pasó con el inminente colapso del euro, el inevitable impago griego y la fatal testarudez de las clases políticas europeas? ¿La historia está en “pause”? ¿O es que los investigadores del informativo Newsnight [de la BBC] simplemente dejaron de prestar atención? Los tertulianos del mundo financiero que explicaron hacia donde se dirigía inevitablemente todo—revelando un extraño materialismo histórico cripto-marxista—han desaparecido súbitamente de nuestras pantallas. Al menos de momento. No hay duda de que volverán.

Y esta es la extraña condición del presente. Hay un debate marxista en curso sobre el estado de salud existencial del neoliberalismo, al que David Harvey responde que “depende de lo que entendamos por neoliberalismo” y Neil Smith que “el neoliberalismo está muerto, pero es dominante”. Previamente he publicado un post aquí indicando que el neoliberalismo ya está muerto, si se juzga según sus ambiciones políticas puntuales. Pero esto es demasiado simplista. La condición del presente, que podría durar muchos años, es de normalidad intercalada por la emergencia. La normalidad persiste a pesar de la emergencia, como una suerte de testaruda determinación a no ser descarrilada por los acontecimientos. Bajo estas circunstancias, el neoliberalismo se convierte en una forma beligerante de negación, la impostura de que las mismas políticas, los mismos reguladores y las mismas ideas pueden continuar como si todo estuviese bien. Una emergencia interrumpe brevemente la calma, antes de desvanecerse una vez más.

A la par, es inevitable sentirse impresionado por la capacidad de gestión de emergencias de los políticos europeos, quienes parecen haber puesto en “pause” al desastre, una vez más. Tal vez tanta retórica apocalíptica con respecto al euro jugó a su favor, al aumentar su margen de maniobra política y subir las apuestas. Estando la tarea de Merkel representada como prácticamente imposible, el capital político a su disposición creció rápidamente sobre la base de que simplemente tenía que hacerlo.

Una manera de interpretar esta condición es la melancolía, en el sentido freudiano. La persona melancólica, para Freud, sufre de una “ambivalencia constitucional” en relación con el pasado, enfurecida porque se ha ido, y por ello aferrándose obstinadamente al recuerdo a fin de evitar hacer frente a la pérdida. Se convierte en una forma de narcisismo destructivo que liga al individuo al pasado, como una alternativa al duelo. Paul Gilroy ha aplicado esta teoría a la relación de Gran Bretaña con el imperio. Me he preguntado si uno podría adaptarla a la especulación financiera y sus consecuencias.

O está también la teoría de la excepción, en el sentido dado por Carl Schmitt y Giorgio Agamben, según la cual la dependencia de las normas en la decisión ejecutiva se vuelve normal, y la constitución legal o la república se convierten en objeto de medidas políticas de emergencia para su propio beneficio. La excepción es también una forma de ambivalencia, en el sentido de que la preservación del status quo se vuelve tan importante como para exigir medidas extraordinarias y sin precedentes.

Tengo un ensayo, que espero poder “postear” en las próximas semanas, analizando la actual situación económica de Europa como un estado de excepción neoliberal. Bajo tales circunstancias, los actores políticos no están ni dentro ni fuera de las reglas económicas de gobierno estándar, sino que están rescatándolas por cualquier medio necesario. La persistencia de “lo de siempre” es factible pero sólo a condición de que se puedan introducir periódicamente medidas completamente inusuales. Por lo tanto, el neoliberalismo está “vivo” en la medida en que varias élites aún están dispuestas a vivificarlo, pero está “muerto” en la medida en que se mantienen constantemente en guardia con el fin de tomar medidas para salvarlo.

Cinco años después de los albores de la crisis financiera, nuestra situación es simultáneamente crítica y estable. Es estable, pero sólo en la medida en que varias élites están ocasionalmente dispuestas a tomar medidas críticas. Una vez que las medidas han sido tomadas, volvemos a una forma de apego melancólico a un mundo que, en algún momento u otro, tendremos que aceptar que ha desaparecido. Pero mientras tanto, me maravillo por la capacidad de las cosas se calmen y vuelvan a la normalidad, tanto como por su capacidad para calentarse y crear emergencias.