La democracia es el enemigo

Slavoj Žižek

Artículo original publicado el 28 de octubre de 2011 en: http://www.lrb.co.uk/blog/2011/10/28/slavoj-zizek/democracy-is-the-enemy/

 

Las protestas en Wall Street y en la Catedral de St. Paul se parecen, según escribió Anne Applebaum en el Washington Post, “en su falta de enfoque, en su carácter incipiente y, sobre todo, en su negativa a tomar parte de las instituciones democráticas existentes”.

“A diferencia de los egipcios en la plaza Tahrir”, prosiguió, “con quienes los manifestantes de Londres y Nueva York se comparan abiertamente (y ridículamente), tenemos instituciones democráticas”.

Una vez que se ha reducido las protestas de la plaza Tahrir al reclamo por una democracia al estilo occidental, tal como hace Applebaum, por supuesto que resulta ridículo comparar las protestas de Wall Street con los eventos en Egipto: ¿cómo pueden los manifestantes de occidente demandar lo que ya tienen? Lo que ella no ve es la posibilidad de un descontento general con el sistema capitalista global que adquiere formas diferentes aquí o allá.

“Sin embargo, en cierto sentido”, ella concedía, “el fracaso del movimiento internacional Occupy en cuanto a generar propuestas legislativas sólidas es comprensible: tanto las fuentes de la crisis económica global como las soluciones a ella se encuentran, por definición, fuera de la competencia de los políticos locales y nacionales”. Ella se ve obligada a concluir que “la globalización claramente ha comenzado a socavar la legitimidad de las democracias occidentales”. Es precisamente esto lo que los manifestantes señalan: que el capitalismo global socava la democracia.

La conclusión lógica es que debemos comenzar a pensar en la forma de ampliar la democracia más allá de su forma actual basada en Estados-nación de partidos múltiples, la que ha demostrado ser incapaz de gestionar las consecuencias destructivas de la vida económica.  Sin embargo, en lugar de tomar este paso, Applebaum echa la culpa a los propios manifestantes por plantear estas cuestiones:

“Si los activistas ‘globales’ no son cuidadosos, acelerarán este declive. Los manifestantes en Londres gritan: ‘¡Necesitamos tener un proceso!’ Bueno, ya tienen un proceso: se llama el sistema político británico. Y si no descubren la manera de usarlo, simplemente lo van a debilitar aún más”.

Por lo tanto, el argumento de Applebaum parece ser que, dado que la economía global está fuera del alcance de la política democrática, cualquier intento de ampliar la democracia para que la gestione acelerará el declive de la democracia. Entonces, ¿qué se supone que debemos hacer? Seguir participando de un sistema político que, según su propio relato, no puede hacer el trabajo.

Actualmente no hay escasez de crítica anti-capitalista: estamos inundados de historias sobre empresas que contaminan nuestro medio ambiente sin piedad, banqueros recibiendo enormes bonificaciones mientras que los bancos son rescatados con dinero público, fábricas donde niños trabajan horas extras para hacer ropa barata para tiendas de lujo. Hay un problema, sin embargo. El supuesto es que la lucha contra estos excesos debería tener lugar en el conocido marco democrático-liberal. El objetivo (explícito o implícito) es democratizar el capitalismo, extender el control democrático sobre la economía global a través de la presión de la exposición en los medios, las investigaciones parlamentarias, leyes más duras, las investigaciones policiales, etc. Lo que no se cuestiona es el marco institucional del Estado democrático burgués. Éste sigue siendo sacrosanto, incluso en las formas más radicales del “anti-capitalismo ético”—el foro de Porto Alegre, el movimiento de Seattle y así sucesivamente—.

Aquí, la intuición clave de Marx sigue siendo tan pertinente hoy como lo fue siempre: la cuestión de la libertad no debe ser situada principalmente en la esfera política—es decir, en cosas tales como elecciones libres, un poder judicial independiente, una prensa libre, el respeto de los derechos humanos—. La verdadera libertad reside en la red “apolítica” de relaciones sociales, desde el mercado a la familia, donde el cambio necesario para hacer mejoras no es la reforma política, sino un cambio en las relaciones sociales de producción. No votamos sobre quién posee qué, o sobre las relaciones entre los trabajadores en una fábrica. Tales asuntos se dejan a los procesos fuera de la esfera de lo político, y es una ilusión el que se pueden cambiar al “extender” la democracia: por ejemplo, mediante la creación de bancos “democráticos” bajo el control del pueblo. Los cambios radicales en este ámbito deben hacerse fuera de la esfera de tales dispositivos democráticos como los derechos legales, etc. Éstos juegan un papel positivo, por supuesto, pero hay que tener en cuenta que los mecanismos democráticos son parte de un aparato de estado-burgués que está diseñado para garantizar el funcionamiento inalterado de la reproducción capitalista. Badiou tiene razón cuando dice que el nombre del enemigo final de hoy no es el capitalismo, el imperio, la explotación o algo por el estilo, sino la democracia: es la “ilusión democrática”, la aceptación de los mecanismos democráticos como el único medio legítimo de cambio, lo que impide una verdadera transformación en las relaciones capitalistas.

Las protestas de Wall Street son sólo un comienzo, pero uno tiene que comenzar de esta manera, con un gesto formal de rechazo que es más importante que su contenido positivo, pues sólo tal gesto puede abrir el espacio para nuevos contenidos. Por lo tanto, no debemos distraernos por la pregunta: “¿Pero qué quieres?” Esta es la pregunta hecha por la autoridad masculina a la mujer histérica: “Todos tus lloriqueos y quejas; ¿tienes alguna idea de lo que realmente quieres?” En términos psicoanalíticos, las protestas son un estallido histérico que provoca al amo, socavando su autoridad y la pregunta del amo—“¿Pero qué quieres?”—oculta su trasfondo: “¡Respóndeme en mis propios términos o cállate!” Hasta ahora los manifestantes han hecho bien en no exponerse a la crítica que Lacan dirigió a los estudiantes de 1968: “Como revolucionarios, ustedes son histéricos que demanda un nuevo amo. Y tendrán uno”.