A raíz de la  #acampadasol, #nonosvamos, #15M, #15mani y la #spanishrevolution, me parece oportuno traducir unas líneas del Seminario de Alain Badiou “¿Qué significa ‘cambiar el mundo’?”.

A continuación un extracto de la sesión del 19 de enero de 2011, publicada en: http://kasamaproject.org/2011/02/08/badiou-on-the-revolution-in-the-arab-world/

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¿Estamos en una época de revueltas?

Se podría pensar esto, viendo los recientes acontecimientos en Grecia, Islandia, Inglaterra, Tailandia (los camisas rojas), las revueltas del hambre en África, las considerables revueltas de los trabajadores en China. También en Francia, hay algo así como una tensión pre-revuelta; a través de fenómenos como las ocupaciones de fábricas, la gente está al borde de aceptar las revueltas.

Como explicación, está por supuesto la crisis sistémica del capitalismo que se hizo visible hace dos o tres años (y que está lejos de haber terminado), con su cortejo de estancamiento social, pobreza, y la sensación creciente de que el sistema no es viable ni tan magnífico como se decía anteriormente; la vacuidad de los regímenes políticos se ha puesto de manifiesto, su servicio al sistema económico es su único objetivo (el episodio de “salvemos los bancos” fue particularmente demostrativo), que contribuye en gran medida a su descrédito. En el mismo período, y precisamente porque son los operadores de la supervivencia sistémica, los estados han tomado medidas dramáticamente reaccionarias en más y más áreas (ferrocarriles, correos, escuelas, hospitales…).

Me gustaría tratar de localizar estos fenómenos en el marco de una periodización histórica. En mi opinión, la disposición hacia la revuelta se presenta en períodos de intervalo. ¿Qué es un período de intervalo? Hay una secuencia en la que se aclara la lógica revolucionaria y donde se presenta explícitamente como una alternativa, sucedido por un período de intervalo donde la idea revolucionaria no se ha transmitido a nadie, y en el cual todavía no ha sido asumida, una nueva disposición alternativa aún no se ha formado. Durante tales períodos los reaccionarios pueden decir, precisamente porque la alternativa está inhabilitada, que las cosas han vuelto a su cauce natural. Característicamente, esto es lo que sucedió en 1815 con los restauradores de la Santa Alianza. En los períodos interválicos, existe el descontento pero no puede ser estructurado porque es incapaz de extraer su fuerza de una idea compartida. Su poder es esencialmente negativo (“hacer que se vayan”). Es por esto que la revuelta es la forma de acción colectiva de masas en un período interválico. Tómese el período de 1820-1850: fue un gran período de revueltas (1830, 1848, la revuelta de los Canuts de Lyon); pero no quiere decir que fuesen estériles, fueron azarosas, pero muy fértiles. Las grandes orientaciones políticas globales que vertebraron el siglo siguiente emergen de ese período. Marx lo dice claramente: el movimiento obrero francés fue una de las fuentes de su pensamiento (junto a la filosofía alemana y la economía política inglesa).  

¿Cuáles son los criterios para la evaluación de los disturbios?

El problema particular de la revuelta, en la medida en que pone en cuestión al poder del Estado, es que expone al Estado al cambio político (la posibilidad de su colapso), pero no encarna este cambio: lo que va a cambiar en el Estado no está prefigurado en la revuelta. Esta es la principal diferencia con una revolución, que en sí misma propone una alternativa. Esa es la razón por la cual, invariablemente, los manifestantes se han quejado de que un nuevo régimen es idéntico al antiguo (su modelo, después de la caída de Napoleón III, es la constitución el 4 de septiembre de un régimen compuesto por su antiguo gabinete político). Nótese que el partido, del tipo que fue creado por el POSDR y después por los bolcheviques, es una estructura explícitamente diseñada para constituirse en un poder alternativo en lugar del Estado. Cuando la figura del manifestante se convierte en una figura política, es decir, cuando tiene en sí mismo el cuerpo político que necesita y el recurso al viejo caballo de la política se vuelve inútil, podemos decir que ese momento es el fin del período de intervalo.

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