Versión original publicada el 4 de abril de 2011 en: http://www.versobooks.com/blogs/463-an-open-letter-from-alain-badiou-to-jean-luc-nancy

Alain Badiou responde al artículo de Jean-Luc Nancy publicado en Libération  “What the Arab peoples signify to us”:

Sí, querido Jean-Luc, la posición que adoptas en favor de la intervención “occidental” en Libia realmente fue una sorpresa lamentable para mí.

¿No percibiste desde el principio la diferencia palpable entre lo que está ocurriendo en Libia y lo que está sucediendo en otros lugares? ¿Cómo es que tanto en Túnez y en Egipto realmente vimos agrupaciones populares masivas, mientras que en Libia no hay nada de eso? Un amigo mío arabista se ha dedicado las últimas semanas a traducir los carteles, pancartas, letreros y banderas que fueron tan característicos de las manifestaciones de Túnez y de Egipto: no pudo encontrar un solo ejemplo de estos en Libia, ni siquiera en Bengasi. Un hecho muy llamativo acerca de los “rebeldes” libios, que me sorprende que no lo hayas notado, es que no se ve una sola mujer, mientras que en Túnez y en Egipto, las mujeres son muy visibles. ¿No sabías que los servicios secretos franceses y británicos han estado organizando la caída de Gaddafi desde el otoño pasado? ¿No te sorprende que, a diferencia de todas las revueltas árabes, en Libia hayan surgido armas de origen desconocido? ¿Que las bandas de jóvenes de inmediato comenzaran a disparar ráfagas en el aire, algo inconcebible en otros lugares?  ¿No te llamó la atención la aparición de un supuesto “consejo revolucionario” dirigido por un ex cómplice de Gadafi, mientras que en ningún otro lugar había cuestión alguna de las masas que se habían levantado nombrando a algunas personas como gobierno de reemplazo?

¿No te das cuenta de cómo todos estos detalles, y muchos más, resuenan con el hecho de que aquí, y en ninguna otra parte, se convocó el apoyo de las grandes potencias? Que gentuza como Sarkozy y Cameron, cuyos objetivos son transparentemente sórdidos, fueran aplaudidos y reverenciados—y súbitamente les das tu apoyo—. ¿No es auto-evidente que Libia facilitó una entrada para estas potencias, en una situación que en otros lugares escapaba totalmente de su control? ¿Y que su objetivo, completamente claro y completamente clásico, fue transformar una revolución en una guerra, poniendo a la gente fuera de juego y dar paso a las armas y ejércitos—por los recursos que estas potencias monopolizan? ¿Este proceso está pasando cada día ante tus ojos y lo apruebas? ¿No ves cómo, después del terror desde el aire, las armas pesadas van a ser suministradas por tierra, junto con instructores, vehículos blindados, estrategas, asesores y los cascos azules, y de esta manera se reanudará la reconquista (con suerte errática) del mundo árabe por parte el despotismo del capital y sus agentes estatales?

¿Cómo tú, de todas las personas, puedes caer en esta trampa? ¿Cómo puedes aceptar cualquier tipo de misión de “rescate” que se encomiende a las mismas personas para quienes la situación anterior era la idónea y que quieren volver al juego de todas formas, mediante la fuerza, por las motivaciones del petróleo y la hegemonía? ¿Puedes aceptar simplemente el paraguas “humanitario”, el chantaje obsceno en nombre de las víctimas? Pero nuestros ejércitos matan a más gente en más países de lo que el jefe local, Gadafi, es capaz de hacer en el suyo. ¿Qué es esta confianza repentinamente extendida a los principales carniceros de la humanidad contemporánea, a aquellos a cargo del mundo mutilado con el que estamos familiarizados? ¿Crees, puedes usted creer, que representan la “civilización”, que sus ejércitos monstruosos pueden ser ejércitos de justicia? Debo confesar que estoy estupefacto. Yo me pregunto, de qué sirve la filosofía si no es inmediatamente la crítica radical de este tipo de opinión irreflexiva, moldeada por la propaganda de los regímenes como el nuestro, que los levantamientos populares en regiones que les resultan estratégicas han puesto a la defensiva, y que buscan su venganza.

Dices en tu texto que “más tarde” dependerá de “nosotros” (pero ¿quién es este “nosotros”, si hoy incluye a Sarkozy, a Bernard-Henri Lévy, a nuestros bombarderos y a sus partidarios?) asegurarnos de que el petróleo y el comercio de armas, y similares, no hagan su regreso. ¿Por qué “más tarde”? Es ahora cuando tenemos estar seguros, impidiendo todo lo que podamos que las grandes potencias interfieran en los procesos políticos en curso en el mundo árabe. Hacer todo lo posible para que estas potencias, por fortuna fuera de escena por unas cuantas semanas, no puedan reintroducir—bajo el deteriorado nombre de “democracia” y los pretextos morales y humanitarios que se han utilizado desde las primeras conquistas coloniales—al petróleo y otros tratos, que son, sencillamente, los únicos tratos en los que se interesan estas potencias y sus estados.

Querido Jean-Luc, en circunstancias de este tipo no tiene sentido para ti o para mí ir con la corriente del consenso occidental que dice: “absolutamente tenemos que permanecer a cargo de todo lo que sucede”. Tenemos que tomar una posición contra la corriente y demostrar que el verdadero objetivo de los bombarderos y los soldados occidentales no es de ninguna manera el miserable Gadafi, un antiguo cliente de aquellos que ahora se deshacen de él como alguien que estorba para sus intereses superiores. Pues el objetivo de los bombarderos es definitivamente el levantamiento popular en Egipto y la revolución en Túnez, es su carácter inesperado e intolerable, su autonomía política, en una palabra: su independencia. Oponerse a las intervenciones destructivas de las potencias significa apoyar la independencia política y el futuro de estos levantamientos y revoluciones. Esto es algo que podemos hacer y es un imperativo incondicional.

Con saludos amistosos,

Alain